El nombre del cuerpo




Otra vez de nuevo me encontré en el Olimpo,
bailando melodías ya trilladas,
absorto en las miradas,
en las conversaciones calladas.

Donde el cuerpo encuentra su nombre.
En mis esperas satisfechas,
adoré de nuevo al hombre.

Confianza ciega de llenas palabras
en el paseo que conduce al alma,
decido qué es la pasión.

Es el encuentro del cuerpo en otro cuerpo,
muerdos desatados en los confines de la cama,
susurros de gemidos que se pierden
en el tímpano de mi alma.

Ya desahogado tu broma
me provoca la risa, como si ya me conocieras,
El hilo que nos unía se convirtió en la soga,
que abre mi boca.

De repente no tenía a nadie fuera del lugar,
solo tus ansias de conocerme
y tus ruegos de llevarte al fin del mundo,
como en un sueño en el que solo se come crudo.

Escaparme a tus consecuencias es lo que quiero,
fomentar tu complejidad es lo que deseo,
entrar en ti, sentir de nuevo.

Ni siquiera lo sucio espero de ti,
Hablar de lo trivial,
quererte un poco,
pero no el querer más típico,
el querer posesivo,
como la rabia al despertar de un sueño.
Para poder cortar la soga y volverla a remendar.

hEN
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *