El negocio de las expectativas

Si analizamos el modus operandi de productos corporativos tan agresivos como Lady GaGa, Katy Perry, Rihanna, Justin Bieber, los concursantes de Operación Triunfo o cualquier detritus de reality que Telecinco haya decidido imponer como “estrella”, nos damos cuenta de que la industria que ha ido secuestrando el arte y la creatividad cada vez está más dirigida al negocio de las expectativas.

Este lucrativo negocio consiste en seguir a rajatabla una de las leyes de oro de la mercadotecnia: ofrece el producto que esperan de tí, no el que puedas o quieras ofrecer. Esto, por supuesto, quiere decir que jamás se debe innovar o renovar, mucho menos sorprender, sino navegar el menor común denominador para simplemente ir cumpliendo las expectativas que tu presencia en el mercado haya creado, por muy perezosas, cómodas y rutinarias que estas sean. Y eso es lo que ha destruido la música, la literatura y muchas otras formas de expresión cultural. Las empresas corporativas han estrangulado cualquier retazo de talento al superponer a las auténticas manifestaciones culturales un sucedáneo de “rebelión”, “expresión” y “catársis” manufacturados, cansadas reinterpretaciones de procesos ya masticados, digeridos y defecados por generaciones anteriores que a fuerza de repetirlos acabaron por convertirlos en puros estereotipos.

La trampa de las corporaciones consiste en conocer las expectativas que otros artistas anteriores hayan creado/generado/decpecionado. Por supuesto deben ser artistas tremendamente existosos y, sobre todo icónicos. Así, décadas más tarde, cuando esos procesos/expectativas ya son tremendamente familiares/inócuos, la nueva industria de la manufacturación de ilusión de arte se limita a coger el proceso allí donde el antiguo artista lo había roto para ofrecer algo nuevo que, por supuesto, nos mejoró a todos como especie al obligarnos a descubrir un nuevo modo de pensar, cantar, sentir, resolver… Pues la nueva industria de las expectativas se está encargando de retomar esa expectativa frustrada por el genuino artista original y, aprovechando el gasto y beneficio no rentabilizado del proceso creativo original, que defraudó a los más perezosos, a los faltos de imaginación y cultura, a los carentes de plasticidad para reconocer una propuesta innovadora, o sea esa mayoría que dió la espalda al artista que les suponía un conflicto y un esfuerzo, y décadas más tardes, cuando esas expectativas son fáciles de cumplir, están remedando esas carreras, esas propuestas pero extenuando esta vez el proceso de las expectativas hasta el final.

Por supuesto esto quiere decir que carreras como las de Amy Winehouse, Shakira o Beyonce (todas ellas clones de artistas, modas, propuestas o carreras ya pasadas) cada vez son más efímeras y carentes de entusiasmo. El propio proceso de darle al consumidor todo lo que desea le hace perder ese deseo o expectación que la motivación de algo nuevo genera. Estos verdaderos robots programados para cumplir expectativas son, por definición, la antítesis del proceso creativo, de lo artístico. Con estos clones las corporaciones han conseguido imponer el karaoke en la industria del entretenimiento, en los canales de difusión del arte y, a su vez, han bloqueado cualquier acceso a estos canales de las nuevas propuestas, las renovaciones de las expectativas, dejando el “mercado” extenuado, agotado, insípido y cada vez más necesitado de parafernalia para crear interés en productos que hasta el más lento mentalmente advierte familiar, conocido, rutinario… formuláico.

Y es que las expectativas funcionan así: como la mejor forma de censura social. Todos hemos sentido el peso de lo que la sociedad, los demás esperan de nosotros. La mayoría actúa de acuerdo con esas expectativas y hace lo que la mayoría esperaba de él/ella. Unos pocos se atreven a desafiar esas expectativas y hacer/ser lo que han procesado independientemente de esas expectativas. Por supuesto esta segunda opción suele enfadar/decepcionar mucho al público objetivo de tu vida. Aunque a la larga acaben por aceptar, incluso celebrar, esa nueva propuesta que ha aportado sorpresa, el dinamismo de lo inesperado, en su normativizada vida. Por supuesto a esas alturas ya habrán machacado al infractor y le habrán agotado con sus censuras hasta tal punto que hayan hecho prácticamente imposible que el/la invovador/a pueda acceder a la oportunidad de romper las expectativas. De hecho una sofisticadísima forma de anatema, de exilio de los medios de difusión, ya habrán aislado a la amenaza.

Y así es como se desactiva, anula, inmoviliza una evolución, la humana. Es el negocio de las expectativas: dales lo que quieren. Hasta que revienten de obesidad mórbida deseante. Luego siempre puedes culpar de la muerte del arte a las descargas P2P.

Miss Shangay Lily

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *