El objeto a


Javier Saez en su libro Teoría Queer y psicoanálisis, hace una interesante revisión de esa relación de amor/odio del psicoanálisis y la teoría Queer y pone de relieve la capacidad subersiva de la obra de Jacques Lacan, particularmente al relacionar su concepto de objeto a con las prácticas sexuales queer: La valoración que hace Lacan del ano (sin patologización ni atribuciones a priori a hombres o mujeres) no está lejana de las prácticas de algunas subculturas queer (beso negro, fist fucking, coprofilia, uso de dildos, etc). La referencia a la mirada y la voz se pueden relacionar con prácticas actuales como el ligue en la calle, el sexo telefónico o por Internet, la pornografía, el voyeurismo o el sexo virtual.

Saez otorga un especial valor a este concepto lacaniano en cuanto a su relevancia y afinidad con los planteamientos de la Teoría Queer por que "nos recuerda que muchos placeres sexuales no tienen por que implicar los órganos genitales. Al separar el deseo sexual y el goce imperativo de los genitales, Lacan desnaturaliza y desheterosexualiza el deseo. El objeto a, por su multiplicidad y su separación de lo genital, no permita instaurar nungún tipo de normalidad sexual. Esta falta de especificidad multiplica las posibilidades del deseo.

Los teóricos queer han recogido el testigo de los estudios lésbicos en relación con el análisis cinematográfico de corte feminista, continuado con los trabajos enmarcados en el papel de la mujer como espectadora. Para ellos el problema deja de ser cómo encajar a las mujeres en el sistema existente que niega sus subjetividades, o las utiliza como objeto de entretenimiento, para pasar a ser la busqueda de fórmulas para aumentar la visibilidad. Las estrategias empleadas para lograr este objetivo incluyen la elección de marcos psicoanaliticos alternativos, aplicando el psicoanalisis a la teoría cinematográfica feminista, promoviendo la ironía como un estilo lésbico, sustituyendo las prácticas culturales lésbicas como paradigmas definitorio, privilegiando al espectador deseante y confiriendo una posición al cuerpo sexual, las prácticas sexuales y la desviación como algo crucial para la subjetividad, y resaltando otras diferencias además del género como la raza o el sexo. La visibilidad deja de ser así una cuestión que afecta al género, pues los queer privilegian otras cuestiones centradas en el individuo, dejando el género en un segundo lugar. La visibilidad no viene marcada ya, como había asumido la critica feminista, por el trabajo del autor y el contenido de la obra, sino por el tipo de mirada de quien observa esa producción, la audiencia cobra así un protagonismo que no había tenido antes. Una gran parte de los estudios queer sobre las producciones culturales se centran en la relación entre la mirada y el objeto.

El laberinto Queer.

Fotografía Sara Saudkova
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